Balance social, político y económico

Algunas de las economías que más están creciendo en el mundo en los últimos años están en África. Esto ha llevado a una reducción en las tasas de pobreza y, sobre todo, a un renovado sentido de optimismo por su futuro.

Sin embargo, según el informe anual de Naciones Unidas, este crecimiento eco­nómico no se ha traducido en una segu­ridad alimentaria para la mayor parte de la población, atrapada por el hambre. Las últimas cifras disponibles, de 2010, mues­tran un 48% de la población del África Subsahariana viviendo en extrema pobre­za y una desnutrición crónica de niños en edad preescolar del 41% y sólo se espera una mejora de un 1%. En valores absolutos, el número de niños con malnutrición es de 55 millones, cifra que ha crecido y va a se­guir creciendo en los próximos años hasta alcanzar los 60 millones en 2020.

Hay tres factores que están afectando es­pecialmente a la seguridad alimentaria en África: los desastres naturales y la vulnera­bilidad medioambiental, la especulación en el mercado de las materias primas y los conflictos políticos o bélicos. La debilidad institucional de estos países está atrapan­do a los más vulnerables, es decir, a los agricultores de subsistencia, los sin tierra, las mujeres y los niños en un círculo vicioso de pobreza, inseguridad alimentaria y bajo desarrollo humano.

Durante los próximos años, debemos tra­bajar sobre cuatro ejes claves para luchar contra la inseguridad alimentaria en el con­tinente africano: mejorar la productividad de los pequeños agricultores; hacer incidencia para la mejora de las políticas nutricionales, especialmente para los niños y niñas; mejo­rar la resiliencia comunitaria; y promover la participación y el empoderamiento de la po­blación rural, especialmente de las mujeres.

Adicionalmente al trabajo que debemos realizar en el contexto africano, las estra­tegias que pongamos en marcha deben estar en el marco de procesos de cambios globales especialmente en los sistemas ali­mentarios. Hay nuevos factores que están condicionando seriamente a las maneras en las que se producen y consumen los alimentos y que afectan directamente a África: el crecimiento demográfico, la pre­sión sobre los recursos naturales (agua y tierra), dieta alimentaria, crecimiento de las clases medias en países emergentes…

Estos factores inciden fuertemente sobre el cambio climático y los precios de los ali­mentos y tienen un gran impacto en el nivel de vulnerabilidad de los medios de vida de los africanos y africanas.