“Mi esposo y mi niño me ayudan en la huerta, es un trabajo familiar. La cosecha es para consumir con mis hijos… si no lo acabamos del todo, salimos a vender con las otras compañeras o lo compartimos con las familias”

JUANA PÉREZ, 40 años. Proyecto de alimentación y género en Chiapas (México)

Juana Pérez vive en la Libertad, una comunidad del estado mexicano de Chiapas, y es una de las veinte mujeres que ha puesto en marcha el centro comunitario Las Florecitas, en el que las madres pueden dejar a los hijos pequeños que no tienen edad de ir a la escuela mientras salen a trabajar al campo o a realizar servicios domésticos. Son las propias madres las que se organizan en turnos dependiendo del número de hijos que tienen. “La que tiene dos hijos tiene que ir a cuidar dos días y si tiene tres, pues tres días. Cada día, dos hacemos la comida y otras dos cuidamos a los niños”.

Antes de poner en marcha el centro, las mujeres se veían obligadas a llevarse a los niños y niñas al campo, donde encaramados en las espaldas de sus madres, estaban expuestos al sol y a la lluvia durante horas. “Ahora podemos salir a trabajar sin preocuparnos y sabemos que están bien cuidados por otras madres educadoras”. Las Florecitas es un proyecto “en el que colaboramos con los productos que cultivamos”; las madres preparan cada día el desayuno y almuerzo de los más pequeños y de los niños y niñas de primaria, ayudando así a que todos ellos tengan asegurada su alimentación.

El proyecto empezó con el apoyo de Ayuda en Acción en la construcción de las Florecitas, pero se pensó también en la importancia de poner en marcha formaciones sobre cultivos y crianza de animales que aseguraran la alimentación de toda la familia. Ahora todas las mujeres han ampliado sus cultivos, introducido nuevas semillas y han levantado alambradas para protegerlos de los animales. También han ampliado el número de gallinas, han introducido la crianza de conejos y han construido galpones donde están protegidos y a salvo de enfermedades.

 

Foto: Salva Campillo / AeA